Las intensas lluvias y los temporales de principios de 2026 redujeron la salinidad de la ría de Noia. Este descenso provocó una elevada mortalidad de bivalvos en los bancos marisqueros y obligó a cancelar la campaña de primavera para centrar los esfuerzos en la recuperación de la ría, con trabajos de siembra, limpieza y cuidado de los bancos. Pero este verano, el aumento de la temperatura del agua volvió a poner el foco en los efectos que los cambios ambientales pueden tener en la ría.
¿Cómo afecta el clima al Berberecho de Noia? La salinidad y la temperatura del agua, junto con la intensidad y la duración de estos cambios, pueden afectar a su crecimiento e incluso a su supervivencia.
Por qué la lluvia cambia la salinidad
Cuando llueve de forma intensa o durante muchos días, aumenta el caudal de los ríos y arroyos que desembocan en la ría. Esta entrada de agua dulce reduce la salinidad, especialmente en las zonas interiores y próximas a las desembocaduras.
En la ría de Muros-Noia, una parte importante de esa agua llega a través del río Tambre. Fue lo que sucedió a principios de 2026: tras semanas de lluvias y temporales, la salinidad descendió de forma acusada y se produjo una elevada mortalidad de berberechos y otros bivalvos en los bancos marisqueros.
El Cerastoderma edule está adaptado a las variaciones de salinidad propias de los estuarios. Pero, ante un descenso intenso, puede cerrar las valvas y reducir su actividad para mantener el equilibrio interno. Esta respuesta solo es efectiva durante un tiempo limitado.
Mientras permanece cerrado, disminuye la filtración y, con ella, la captación de alimento y el intercambio con el agua. Si las condiciones desfavorables se prolongan, el berberecho consume sus reservas y aumenta el riesgo de mortalidad. Su capacidad de resistencia no es igual en todos los ejemplares: depende de la edad, del estado fisiológico, de la aclimatación y de la rapidez con la que cambia el medio.
El efecto de las temperaturas altas
Pero no solo las lluvias intensas pueden afectar al berberecho, también las altas temperaturas.
Es un animal ectotermo, por lo que su actividad fisiológica depende de la temperatura ambiental. El aumento de la temperatura acelera el metabolismo e incrementa la demanda de energía y oxígeno. Al mismo tiempo, el agua caliente puede contener menos oxígeno disuelto.
Si el calor supera determinados límites o se mantiene durante mucho tiempo, puede reducir las reservas, alterar la actividad y debilitar el organismo.
Este verano, una boya situada en la ría de Muros-Noia llegó a registrar 22,15 °C, superando el máximo histórico anterior de 21,9 °C. Se trata de un valor anómalo que demuestra la importancia de estar atentos a los cambios climáticos, pero hasta el momento no hay evidencias de que este episodio haya afectado a los bancos marisqueros.
¿Se pueden prevenir o reducir estos efectos?

Desde la gestión marisquera no se pueden evitar las lluvias intensas ni controlar la temperatura de la ría. Tampoco existe una medida que proteja por completo al berberecho ante un descenso extremo de la salinidad o un episodio prolongado de calor. Lo que sí se puede hacer es vigilar las condiciones ambientales, reducir la presión sobre los bancos y actuar para favorecer su recuperación.
El seguimiento continuo de la temperatura y de la salinidad permite detectar cambios anómalos y conocer su duración. Esta información, junto con los muestreos en los bancos, ayuda a evaluar el estado del recurso y a tomar decisiones adaptadas a cada zona.
Cuando se produce una mortalidad elevada, una de las principales medidas es suspender temporalmente la extracción. Así se protege a los ejemplares que han sobrevivido y se da tiempo a los bancos para recuperarse de manera natural. Fue la decisión adoptada en Noia tras los episodios de baja salinidad de principios de 2026.
La recuperación también puede apoyarse con trabajos de limpieza, retirada de algas y conchas, acondicionamiento del sustrato, traslados o siembras. Estas actuaciones no evitan un nuevo episodio de lluvia o calor, pero contribuyen a recuperar el hábitat y la capacidad productiva de los bancos. Por eso, la prevención pasa sobre todo por el seguimiento, la gestión prudente del recurso y una respuesta rápida basada en criterios técnicos.
Gestión del embalse del Tambre

En la ría de Muros-Noia, la prevención también pasa por mejorar la coordinación en la gestión del embalse del Tambre. Durante los episodios de lluvia intensa, la liberación de agua del embalse se suma al aumento natural del caudal del río e incrementa la llegada de agua dulce a la ría.
Por eso, las cofradías reclaman un protocolo que tenga en cuenta las previsiones de lluvia, el estado del embalse y las mareas. La propuesta del sector es que, salvo en situaciones de emergencia, las compuertas se abran con la marea alta para reducir el impacto sobre la salinidad de los bancos marisqueros.
Esta medida no evitaría los episodios extremos ni eliminaría por completo el riesgo de mortalidad, pero podría reducir los descensos bruscos de salinidad. Para aplicarla sería necesaria una coordinación estable entre la empresa responsable del embalse, las administraciones y el sector marisquero.
